lunes, 14 de febrero de 2011

La tendencia a imitar: ¿Eres igual que yo? ¡Entonces hago igual que tú!



La tendencia a imitar: ¿Eres igual que yo? ¡Entonces hago igual que tú!

¿Cuán fuerte es nuestra tendencia a la imitación? ¿Es un mecanismo consciente o discurre a través de vías no conscientes? Las teorías sobre la imitación son muchas, desde aquellas que aseguran que es un mecanismo innato hasta las que apuestan por un basamento neurológico sustentado en las neuronas espejo. No obstante, un interesante experimento realizado en la Universidad de Columbia en los EUA arroja otras luces al respecto.

Este estudio, diseñado por Harvey A. Hornstein, contó con los datos recogidos a partir de la observación de 105 paseantes de Manhattan.

En el experimento los psicólogos dejaron algunas billeteras en el suelo para ver cómo respondían las personas que las veían. Estas billeteras contenían 2 dólares en efectivo, un cheque por el valor de 26.30 dólares y varios documentos con informaciones sobre el dueño como su nombre y la dirección. Pero lo interesante del experimento fue que los psicólogos habían incluido un sobre en el cual había una nota que señalaba que la cartera había sido encontrada con anterioridad por otra persona, sugiriendo a su vez que esta persona también había perdido su billetera cuando iba de camino al correo para enviársela a su dueño original.

A su vez, las carteras se dividieron en dos grupos:

1. La nota estaba claramente escrita en un inglés perfecto indicando al ciudadano norteamericano promedio.

2. La nota estaba escrita en un inglés muy rudimentario con algunos errores y además, se dejaba entrever claramente que esta persona era un inmigrante que acababa de llegar a los EUA.

De esta forma los psicólogos intentaban representar dos personas diversas: el norteamericano promedio con el cual los paseantes de Manhattan podrían identificarse y un inmigrante (posiblemente de una cultura diversa) con pocos puntos en común.

El objetivo del estudio se centraba en valorar cómo influiría esta nota en la decisión que tomaban las personas; si imitaban o adoptaban un comportamiento diferente.

Los resultados no dejaron lugar a dudas:

Cuando los paseantes que recogían la billetera percibían que otra persona “similar” a ellos iba a devolver la cartera, entonces el 70% devolvió la cartera a sus dueños. No obstante, cuando las personas no se identificaban con el otro (en este caso la figura del inmigrante) entonces solo el 33% optó por devolver la billetera.

Los especialistas afirman que seguimos algunos pasos críticos en este proceso de imitación social que están marcados por: las actitudes, la moralidad, el contexto y la apariencia. Así, cuando recibimos un mensaje persuasivo nos ponemos de manera subconsciente las siguientes preguntas:

¿La persona que me está transmitiendo el mensaje piensa como yo?

¿Comparte mis valores?

¿Se desenvuelve en un contexto similar?

¿Se parece físicamente a mi?

Lo cierto es que este experimento, aunque muy sencillo, nos demuestra una verdad abrumadora: más allá de nuestras neuronas espejo tenemos una tendencia a buscar anclajes con los cuales identificarnos y a partir de los que asumimos determinados comportamientos en detrimento de otros. Cuando no sabemos qué hacer buscamos las respuestas en los comportamientos de las personas que más se parecen a nosotros porque creemos que ésta podría ser una solución igualmente exitosa para nuestro caso. A veces es así, otras veces no.


Fuente:
Hornstein, H. A.; Fisch, E. & Holmes, M. (1968) Influence of a model's feeling about his behavior and his relevance as a comparison other on observers' helping behavior. Journal of Personality and Social Psychology; 10(3): 222-226.